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India, la democracia más grande del mundo, se renueva

 

Proceso electoral empezó hace 8 días. Votarán 36.814 millones de ciudadanos por 15.000 candidatos.

En lo que constituye el hecho democrático de mayor envergadura en la historia moderna, India, la segunda nación más poblada del planeta y el país más diverso del mundo, está en el proceso de elegir, por decimosexta vez en su vida independiente, a los 545 miembros del Lok Sabha (Cámara Baja), el centro decisorio de la política en este subcontinente de 23 lenguas oficiales, 13 religiones oficiales y 28 estados, con 1.260 millones de habitantes.

El censo electoral muestra un incremento de 100 millones de votantes respecto de la última elección general (2009), y ello ha traído consigo un mayor despliegue logístico en las 543 circunscripciones electorales. El resultado será promulgado el 16 de mayo, dos semanas antes del cierre de sesiones del actual Lok Sabha.

Dentro del esquema de una república parlamentaria, las elecciones para la Cámara Baja, por norma constitucional, han de ocurrir al menos cada cinco años o cuando el Parlamento sea disuelto por el Presidente.

La Constitución de 1950 tiene 397 artículos y 9 capítulos. Es una de las más detalladas y enmendadas del mundo, y refleja la influencia británica en lo institucional y en la filosofía política del sistema de gobierno, definido como democrático, secular, parlamentario y federal.

El Primer Ministro es el jefe del gobierno y el Presidente, el Jefe del Estado. Los ministros y viceministros son miembros del Parlamento, particularmente de la Cámara de los Comunes, como reflejo de la coalición partidista que se hace cargo del gobierno, y algunos pueden ser miembros de la Cámara Alta o Consejo de los Estados (Rajya Sabha), cuya importancia política es inferior y cuenta con 245 miembros, 12 designados por el Presidente y 233 elegidos proporcionalmente por las asambleas legislativas regionales.

Siguiendo la tradición anglosajona, el diseño del sistema permitió contar con gobiernos fuertes –casi hegemónicos, dicen algunos– en las primeras cuatro décadas de vida independiente, con figuras como los primeros ministros Jawaharlal Nehru e Indira Gandhi, líderes del Partido del Congreso.

En los últimos 20 años, ha habido reformas que profundizan la participación de las castas rezagadas o minorías tribales, intentan evitar la discriminación de minorías religiosas, mejoran el sistema judicial y refuerzan el federalismo.

El Parlamento de la Unión tiene un poder significativo y es responsable de 97 temas estratégicos, como defensa, asuntos exteriores, comunicaciones, moneda, banca y aduanas, pero las asambleas legislativas regionales son muy importantes y tienen responsabilidad sobre 66 temas; salud pública, orden público, educación, agricultura y gobierno local, entre ellos.

India es uno de los pocos países donde sigue vigente el sistema de mayoría relativa en distritos uninominales. El país se divide en 543 circunscripciones, cada una de las cuales envía a un representante a la Cámara del Pueblo, aquel que obtiene la mayoría simple de votos en una sola vuelta. Esto permitió al Partido del Congreso, única agrupación con estructura nacional y principal heredera del legado de Gandhi y de la familia de Nehru e Indira Gandhi, sostener su dominio y ser la fuerza más representativa.

No obstante, ese uninominalismo facilitó la proliferación de partidos y movimientos regionales con fuerte influencia local, carentes de organización nacional, pero ‘dueños’ del electorado local, cuya membresía en el Parlamento les confiere alta capacidad negociadora, a la hora de integrar coaliciones de gobierno y de oposición, dentro de las cuales los partidos nacionales deben pagar un alto costo dentro de lo que en Colombia se ha llamado las raciones de mermelada. Así, hoy existe en India un número superior a las 500 organizaciones políticas, de las cuales apenas poco más de 30 tienen carácter nacional.

Los partidos en contienda

El Partido del Congreso proviene del Congreso Nacional Indio, organización que guio al país hacia su independencia, ganador de la mayoría de las elecciones desde 1951 y actual cabeza de la Alianza Progresista Unida (UPA es su sigla en inglés), coalición gobernante, bajo el liderazgo de Sonia Gandhi; el primer ministro, Manmohan Singh, y el secretario general y joven político Rahul Gandhi. Defensor del secularismo, la economía mixta y la procura de la justicia social, puede afirmarse que encarna una versión india de la socialdemocracia.

El Partido Popular Indio (BJ, en inglés), creado en 1980, representa las tendencias de centroderecha y derecha, aglutinadas en la Alianza Democrática Nacional (NDA), bajo preceptos de fuerte arraigo nacionalista, hinduista, con predominio del sector privado en lo económico y con posiciones conservadoras sobre el reconocimiento de la multiculturalidad y los cambios en los valores de las poblaciones urbana y juvenil.

El Tercer Frente es una coalición izquierdista de 14 partidos y movimientos que se plantean como la alternativa a los postulados de la UPA y la NDA, con un discurso que interpela la liberalización económica y la internacionalización e inserción de India en la dinámica de libre comercio global.

Los partidos y movimientos regionales son un caleidoscopio sin coherencia ideológica y con manifestaciones caudillistas. Sin embargo, sus líderes son imbatibles en sus zonas y apuestan a lograr una cotización alta en el debate electoral con vistas a la integración del Gobierno.

Sin duda, personalidades como Mamata Banerjee, quien derrotó a los comunistas en Bengala Occidental y su capital, Calcuta, tras 32 años de hegemonía; Jayaram Jayalalitha, en Tamil Nadu; Nitish Kumar, en Bihar; Mayawati y Mulayam Singh, en el superpoblado Uttar Pradesh, jugarán papel decisivo en el proceso y en el acomodamiento de las fuerzas que este traerá consigo. También tendrán incidencia electoral los movimientos anticorrupción, liderados por figuras como Arvind Kejriwal y el gandhiano Anna Hazare.

Se gesta cambio

Según todas las encuestas, se avecina un cambio político de magnitud. La correlación política de fuerzas será muy diferente a la actual y posiblemente asistamos a un viraje significativo, con repercusiones en toda India y en Asia meridional.

Bajo el liderazgo de Narendra Modi, la coalición de la NDA va a incrementar ostensiblemente su número de curules en la Lok Sabha. Este líder ha labrado casi desde la infancia su camino al poder. Se muestra como un político dedicado a su oficio, con positivos resultados al frente del gobierno del estado de Gujarat, captador de la mayor cuota de inversión extranjera y gestor de escenarios de bienestar a través de grandes mejoras en la infraestructura.

Modi se presenta como el líder capaz de meter en cintura a la burocracia, con el carácter necesario para combatir la corrupción y el terrorismo; de tomar decisiones que afecten intereses de núcleos poderosos, y resuelto a promover la creación de riqueza como elemento facilitador de la distribución.

Los empresarios, los nacionalistas hindúes y la diáspora india lo apoyan. Es el candidato con mayor favorabilidad, si bien un sector de analistas y observadores considera que aún no las tiene todas consigo, por su radicalismo, su tendencia no discreta a imponer como sea su punto de vista sobre una sociedad tan compleja, y su frágil explicación sobre su participación en los motines del 2002 en Gujarat, donde cerca de mil personas, en su mayoría musulmanes, fueron masacradas.

Lo conocí y compartí tres encuentros de varias horas con él. No comulgo con parte de su ideario, pero debo decir que su carisma es abrumador y que difícilmente podría conocer un líder con mayor convicción acerca del papel de la empresa privada en el desarrollo y con mayor determinación para sacar adelante su libreto político.

El Partido del Congreso se apresta a encajar una derrota. Hoy se discute sobre la profundidad de la misma, mas no sobre su ocurrencia. Ha sido carcomido por la corrupción y el clientelismo y, pese a sus logros en lo económico y social, parece envejecido y sin la capacidad autocrítica para reconocer sus dificultades en la superación de problemas como la pobre gestión en servicios públicos, la ruptura de las estructuras oligopólicas en muchos sectores, la corrupción, la caída del ritmo de crecimiento, entre otros.

En cierta manera, el gran partido de Gandhi necesita de la derrota como un reconstituyente que lo depure y permita a los jóvenes adalides asumir realmente sus responsabilidades.

Quien, pese a la finalización del ciclo y al retroceso del partido de gobierno, sí tiene bien ganado su lugar en la historia moderna de India es el primer ministro, Manmohan Singh. Se puede discutir sobre la complejidad histórica de la modernización, pero no desconocer el papel protagónico de India en el presente y el futuro de la humanidad. Singh ha sido el gran fabricante de ese porvenir.

Si las encuestas nos permiten avizorar una composición diferente del Parlamento, ¿podemos desde ya establecer cómo será la composición del nuevo gobierno? La respuesta es no.

La apuesta de Modi consiste en obtener una potente victoria que le permita a la NDA ser la primera fuerza política y alcanzar resultados de mérito en la región de Uttar Pradesh, entre los musulmanes y en el sur del país. Ello le facilitaría las condiciones para integrar el gobierno con una correlación de fuerzas suficiente para impulsar las reformas que quiere. Modi es visto como el gran favorito para encabezar el próximo gobierno.

La perspectiva del Partido del Congreso para morigerar el impacto de la derrota sería lograr más de 120 sillas con sus aliados, de forma que pudiera integrar una coalición ampliada con la izquierda y algunos movimientos regionales, la cual, en el mejor de los casos, lograría integrar un gobierno liderado por estas agrupaciones o crear un frente de oposición a la NDA, hasta bloquear la gobernabilidad de Modi.

En mayo, al calor de 45 grados centígrados promedio que imperan en Nueva Delhi, se unirá la ansiedad por conocer el informe final de la Comisión Electoral. De una cosa estamos seguros: la voz de la democracia más grande del mundo tendrá un acento nuevo, que incidirá en el foro político mundial y será decisivo para la paz global.

Sobre el autor

Juan Alfredo Pinto Saavedra fue por muchos años presidente de Acopi, el gremio de la pequeña y mediana industria. También se desempeñó como viceministro de Industria y embajador en la India.

JUAN ALFREDO PINTO S.
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

11 de abril de 2014